7ª jornada: 18 y 19 febrero 2008



A veces cometemos locuras a los ojos de los hombres que representan sabiduría a los ojos de los dioses. Esta frase fue dicha esta semana por uno de los personajes más determinantes de la hotelería en España: Pepe García, el factotum de la cadena Derby, artífice de todo el glamour que rodea al hotel Urban, convertido por la varita mágica (mucho orden y mucho trabajo) de su sapiencia en el emblema nocturno de Madrid. García asistió junto a otros 20 empresarios hoteleros a una nueva edición de las Jornadas de Arquitectura Hotelera que, con el fin de anticipar tendencias y analizar los comportamientos del turismo y su influencia sobre el diseño de hoteles, se vienen celebrando desde hace un año en mi residencia particular del norte de Palencia.

La tertulia del pasado 18 de febrero contó con la presencia del citado Pepe García, que manifestó su asombro por la valentía con que el propietario de La Ruina Habitada –que así se llama la vivienda de un servidor– había afrontado un proyecto arquitectónico que traspasa los lindes de la Arquitectura de los Sentidos y entra de lleno en el territorio de la metarquitectura. Este concepto fue pergeñado por el empresario hotelero y arquitecto Ignacio Escribano, otro de los asistentes al acto acompañado de su esposa Marina, propietarios ambos de la Posada del Pinar, en Valladolid. Para los Escribano, la metarquitectura de La Ruina Habitada supone un salto al vacío en la comprensión del espacio en que nos movemos más allá de la firmitas , utilitas y venustas establecida por el teórico Vitrubio. En la Arquitectura de los Sentidos no se adivinan los límites del lugar, del volumen, de la forma arquitectónica. Esta metarquitectura sondea la esencia de nuestro mundo y lo pone al servicio de la espiritualidad humana. Tal es su importancia que, en el futuro, no podrá concebirse un hotel-destino, es decir, un hotel como destino turístico en sí mismo, sin un devaneo esencial con la metarquitectura.

Al dueño del Palacio de Santa Inés, en Granada, le sorprendió vivamente la integración de La Ruina Habitada en el entorno semiarruinado del pueblecito que lo acoge. Nicolás Garrido valoró el alto grado de confort alcanzado en el interior del edificio en contraste con su descomposición exterior y admitió su confianza en los grandes acristalamientos de fachada para sus proyectos hoteleros futuros. ¿En Granada, quizá? Antes debe tomar un poco de aire, ya que el hotel que acaba de abrir en la Garrrotxa gerundense, Vall de Bas, necesita rodaje y retirada de andamios. Su gerente, Núria Planagumà, le secunda en el deseo de que las obras terminen y el aparcamiento deje ver la entrada y su ajardinamiento lateral. Se hizo acompañar por Josep Maria Nogué, empresario de hostelería y restaurador afincado en Olot. De lo visto y debatido piensan aplicar una carta de perfumes en la liturgia de bienvenida, establecer otra liturgia en la despedida de los huéspedes, así como subvertir la actualmente deficiente iluminación de su restaurante con un programa de escenas semejante al probado en La Ruina Habitada.

La luminosidad no es sólo un artificio de noche, sino un diseño arquitectónico de día. Ese lenguaje doble, o múltiple, sólo puede lograrse cuando la idea del espacio trasciende el momento en que se crea y discurre por la línea del tiempo. Las ventanas, en una casa, sirven para dar luz. Los muros, para crear sombras. Los ángulos dibujan la penumbra. Este enunciado sirve lo mismo para una habitación de hotel. «Me lo llevo en la cabeza», confesó Guillermo Pérez, hijo de Antonio Pérez Gil y la enóloga Chelo Palacios, propietarios del hotel temático Lope de Vega, en Madrid.

Ello abrió un paréntesis en los debates. El Convento de Mave ofreció a los asistentes un lunch con elaboraciones caseras y algunas especialidades de la casa, como la sopa castellana y cucharas de anchoas, regadas con el vino aportado por la bodega Palacios Remondo, La Montesa, un crianza de 2004 muy sabroso.

En su calidad de consultor para las grandes cadenas españolas, Pérez subrayó que la opción de los hoteles-destino es hoy una tendencia mundial y que son los pequeños quienes inspiran ahora a los grandes. «Los hoteles grandes y pequeños comparten los mismos problemas, las mismas inquietudes, y eso lo he aprendido en estas Jornadas», confesó al final de la reunión. En esta misma sintonía, Stefano Torriglia se declaró seducido por la propuesta emocional de La Ruina Habitada como un ejemplo de modernidad en el entorno rural sin desvirtuarlo. Y si al principio de la Jornada se preguntó si acaso era labor del hotelero educar al cliente en el uso del espacio, de los debates subsiguientes ha aprendido lo importante que es sorprender y emocionar a los huéspedes. Tal lección se dispone a ejercitar inmediatamente en su hotel Suites Prado, en el madrileño Barrio de las Letras.

Grande o pequeño, un hotel es un hotel. Susana Menéndez lo tiene claro como gestora de activos patrimoniales de la cadena Sol-Meliá. ¿O no es suficiente autoridad el hecho de pertenecer al mayor grupo hotelero que hay en España y el undécimo –creo– en el mundo para afirmar que la Arquitectura de los Sentidos sirve lo mismo para unos que para otros? Menéndez se confesó emocionada por la atmósfera nocturna lograda en La Ruina Habitada (los debates se prolongaron hasta las diez de la noche) e invitó a los presentes a implementar este sistema en sus establecimientos. Ya que en los hoteles grandes el encanto es imposible sí que cabe explotar en ellos la idea de los sentidos, de un espacio sensorial y emocional capaz de arrobar al huésped durante unas horas. Pétalos en el baño. Música programada según qué horas y qué ambientes. Platos de nitrógeno líquido. «Como sucede en el restaurante Calima del Meliá Don Pepe, en Marbella, o en el ME que Meliá ha abierto en Chicago, con más éxito por cierto que el de Madrid», recordó. Será porque la clientela norteamericana es la avanzadilla de este nuevo turismo de los sentidos que se percibe en el horizonte mundial.

Sol-Meliá surgió en una época donde la explotación de los sentidos era tumbarse sobre la arena de la playa. «Gabriel Escarrer, Luis Riu, Barceló y nosotros fuimos pioneros de aquel movimiento que puso a España en el mapamundi del turismo». Quien dijo eso, Bernat Jofre i Bonet, regenta hoy un establecimiento de agroturismo en Mallorca. Sabe bien de qué habla. Nadie veraneaba en la playa… Hasta que se abrieron hoteles al borde del mar. Nadie tomaba el sol… Hasta que las piscinas y los beach club permitieron el gusto de broncearse. Pues ahora devolvemos el sabor del campo a quienes ni siquiera han conocido la agricultura más que en fotos. No nos debe preocupar la cantidad de gente que viaja. «Si creamos un nicho con un hotel diferente llegaremos seguro al nicho de los viajeros diferentes», apostilló Jofre, «y ese es nuestro romántico negocio».

Abastecer al mercado, simplemente, acarrea una cierta mediocridad. No se puede crear un producto sin identidad porque tus clientes te lo piden. Si así fuera, al principio de todo seguirían pidiendo la caverna. Es la lección extraída de la experiencia aLoft, un proyecto de diseño hotelero en el planeta Second Live, en Internet, puesto en marcha el año pasado por el grupo norteamericano Starwood. Pensaron que la comunidad virtual iba a propiciar un aluvión de creatividad y se demostró todo lo contrario, que el hotel resultante era ecuménicamente banal, déjà vu . «Yo creo en el caos y el azar porque no se puede crear cuando todo está en orden», proclamó en un momento de la Jornada el arquitecto de La Ruina Habitada, Jesús Castillo Oli. La creatividad exige deshacer el orden establecido para que florezca otro orden nuevo que haga avanzar al hombre. Si las cosas funcionan para qué cambiarlas. La arquitectura japonesa es la más perfecta de todas las arquitecturas. Dado que no se inventa nada nuevo, todo lo que se construye imita y perfecciona lo anterior. A consecuencia de lo cual no hay nada diferente que ver en Japón. Esa es la verdad.

Así pues, tras la experiencia sensorial tenida en La Ruina Habitada, el gerente de la Sociedad de Promoción del Turismo en Castilla y León, Koldo Díez, anunció que modificaría el proyecto de guía regional sobre turismo consciente (responsable o sostenible) para añadir un epígrafe de hoteles inconscientes, constituido por aquellos que propongan a sus huéspedes estancias emocionales y experiencias sensoriales al hilo de lo debatido durante estas Jornadas. En particular, el suelo de folio radiante, innovación tecnológica aplicada a esta casa, le pareció de muy posible aplicación en los futuros proyectos de establecimientos de turismo rural.

Porque la calidez interior de La Ruina Habitada, en contraste con la aparente frialdad del vidrio y la piedra de mampostería, dejó muy desconcertado a Andoni Nieto, propietario de la Posada Torre del Mayorazgo, en Ávila. «El paisaje exterior, enmarcado desde dentro, será para mí una imagen inolvidable», expresó el también piloto de Iberia. Pero lo que tendrá una aplicación inmediata en su posada rural será el sistema de iluminación por escenas, así como el establecimiento de liturgias en todos los procesos, pues lo aprendido en estas Jornadas es que la configuración de espacios, la creación de atmósferas y la exaltación de los sentidos abarca todo lo que el hotel ofrece a su huésped, desde su llegada hasta su despedida. Sólo así repetirá.

Para tentar al huésped con los sentidos es necesario el adiestramiento del servicio, porque sin la comprensión de lo que el equipo de servicio debe hacer difícilmente tendrá utilidad la Arquitectura de los Sentidos. En su Posada Los Trastolillos, Marga Herrera, se las ve y se las desea con el personal empleado que circula por Cantabria. No todo es cobrar más y trabajar menos, sino sentirse valorado en la labor que se desempeña. Y, desde luego, desempeñarse con dignidad. En España, la fractura en el servicio no ha sido sólo culpa de los hoteleros, sino también de los huéspedes que no han valorado lo suficiente el esfuerzo de ser hospitalario. Frente a quienes piensan que en este país existe un problema de formación y capacitación profesional, yo digo que la dignidad del servicio es lo que transforma el negocio del hospedaje en el arte de la hospitalidad.

«Me empiezo a aburrir de mi hotel y empiezo a pensar en un atrevimiento como el de La Ruina Habitada», declaró en este punto José Luis de la Fuente. El dueño de la Posada Los Nogales puso el acento sobre lo práctico y lo estético en conjugación armónica y existencial, de enorme importancia en la gestión de un hotel. ¿Qué sentido tiene el concepto de no-lugar? ¿Acaso el lugar de la recepción en un hotel debe estar siempre perfilado como un mostrador de atención al público? No siempre la recepción debe ser una estafeta donde se tramita el papeleo del registro clientelar. A veces puede ser una mesa o una señal, una transparencia en el aire, una música, una voz, una mirada, una promenade … Una recepción de hotel puede ser un no-lugar donde se practique ese arte de la hospitalidad del que hemos hablado. Arte y espiritualidad, como la rampa de no-recepción a punto de ultimarse en el hotel El Convento de Mave, donde se han hospedado todos los asistentes a estas Jornadas.

«¡Vaya, qué pena no haber conocido antes a su arquitecto, Jesús Castillo Oli!», exclamó Javier Sánchez de Rivera, «le habría encargado el edificio contemporáneo objeto de la crítica de Fernando Gallardo a mi nuevo hotel”. Este servidor promete presentárselo a sus amigos y a los amigos de todos sus amigos que quieran invertir en un hotel. “Haremos, pues, una ruina habitada en nuestra siguiente ampliación», convinieron al unísono Toño y Juan Moreno, propietarios del Molino de Alcuneza. Este hotelito cercano a Sigüenza, ahora en manos de su hija Blanca, está a punto de inaugurar un anexo que, de haberlo sabido, podría haber aplicado los conceptos debatidos en estas jornadas sobre la Arquitectura de los Sentidos. La Ruina Habitada, entonces, para el siguiente anexo, señores. Aunque los Moreno advirtieron que ellos llevaban practicando en cierto modo una liturgia de bienvenida a sus clientes desde el día en que pusieron en funcionamiento su viejo molino.

Claro, el hotel no es más que un ejercicio de seducción, de agasajo y de hospitalidad. «Es el resultado de pensar y tomar riesgos», aseveró Inmaculada Ranera, directora para España y Portugal de Christie + Co, una de las agencias inmobiliarias hoteleras más reputadas en el mundo. Si uno toma riesgos en el diseño de su hotel enseguida va a conectar con otras personas que toman riesgos en su viaje. Y el encuentro de ambos delinea un paisaje emocional muy provechoso para el negocio turístico. «No sé por qué el sector hotelero es tan conservador en sus propuestas», se preguntó Ranera, «cuando está visto que romper con lo vulgar genera una expectativa mediática que se traduce en promoción gratuita para el establecimiento».

La prueba ha sido el éxito de Les Cols, el hotel transparente de Olot, en Girona. Además de una prodigiosa arquitectura diseñada por el estudio RCR, la liturgia que celebra en los pabellones su joven propietaria, Judit Planella, logra adeptos en las cuatro esquinas del planeta. A ella se le suma ahora Natalia Pérez, socia y gerente del hotel revelación de este año, el Aire de Bardenas, a quien conocí en Fitur y de quien caí rápidamente seducido por su “aire Planella”. Tanto como ella se ha confesado por mi Ruina Habitada, cuyo concepto metaquitectónico se hace cómplice de su Bardena hasta un límite insospechado. Las cajas de las ventanas, la grava de los parterres, la austeridad de las paredes, la espiritualidad interior… Llegó acompañada de su socio y constructor del hotel, Jano, que apreció los buenos acabados vistos, la excelente acústica interior y… el vallado del jardín (por inexistente). Lo confieso: a partir de ahora en estas Jornadas de Arquitectura Hotelera se hablará tanto del ejemplo de Les Cols como el del Aire de Bardenas. Señas de identidad que anticipan una redeficinión del concepto de encanto a través de un laboratorio de reflexión y análisis sobre esta cuestión: de dónde vienen y adónde van los hoteles en España.

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